Emiratos Árabes Unidos condenó el ataque con drones contra su central nuclear de Barakah, ubicada en la región de Al Dhafra, y lo calificó como una «peligrosa escalada» que amenaza la estabilidad de Medio Oriente. El gobierno emiratí advirtió que el bombardeo representa un riesgo para la seguridad regional, la población civil y el suministro energético mundial, aunque confirmó que no hubo víctimas ni fugas radiactivas.
Por su parte, el secretario general del Consejo de Cooperación del Golfo, Jasem Mohamed Albudaiwi, repudió enérgicamente el ataque, señalando que viola las normas internacionales que protegen las instalaciones nucleares y que este tipo de acciones ponen en peligro tanto la seguridad regional e internacional como el medio ambiente. El episodio ocurre en un contexto de creciente tensión vinculada al conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán.